MIS CUENTOS

MIS CUENTOS

     EL NEGRO HUECO DEL MIEDO

E L C

♪Tara -ra -ra -rá♪ palpita la sinfonía Fantástica Tic- tac- tic -tac responde el corazón, que se acerca. De entre la niebla del túnel, una joven, salta―con envidiable destreza― y cae sobre el camino. Tara -ra –raá, Tic- tac- tic- tac. Su nombre es Luisa y lleva en la mochila a su bebé y una tarjeta magnética en la mano. Por el enorme cartel que hay colgado a la vera del camino sabe que ha llegado a la ciudad de Tijuy
Lleva un tiempo de caminata agotadora, hasta que por fin encuentra la casa. De la verja del jardín, saltan rayos de colores. Coloca la tarjeta en la ranura. Pam- pam… suena Fantástica y la puerta se abre.

La habitación es una rareza. Un trapecio de paredes metalizadas, rasas, con escasos muebles, quizás los suficientes para la actual circunstancia. De uno de sus ángulos cuelga un enorme globo. En él se refleja la computadora y una sofisticada radio empotrada en una biblioteca. Cuando abre las ventanas para airear el lugar, el reloj de pared toca diez campanadas. No pierde tiempo. Sabe que está de paso y debe seguir viaje hacia otros mundos. Tic tac, tic, tac. Besa al niño y lo mete en un moisés desmontable, luego lo coloca en un banco―puro sol―que hay debajo de la ventana del jardín. ¡Ajó! ¡Ajó! Tara- ra- ra,- rá canturrea. De a ratos se asoma y vigila al niño que ya duerme.
Está tan, pero tan abstraída, que no ve el travesaño de madera que se ha desprendido del cielorraso. ¡PAM! ¡PLÁH! ¡PÁF! Y ¡Ay! ¡Qué golpe! La cabeza le estalla del dolor. La luz de la habitación comienza a centellear. Los párpados se agachan con lentitud hasta que por fin se le desploman.

Cuando recobra el conocimiento, la oscuridad que palpa, es completa y poco tranquilizadora. Se toca el chichón, que es enorme. No recuerda muy bien dónde se encuentra el interruptor de la luz. Tantea las paredes hasta encontrarlo. Pero todo el intento de encenderla es inútil. Tiene la sensación de estar parada en medio de un negro túnel, donde la atmósfera es sofocante. ¿Y esa pequeña mancha fosforescente suspendida en el aire? No atina a moverse, ni a respirar. Armada de valor, avanza hacia la luz misteriosa. Recuerda haber visto un botón de la radio. ¡Sí!, ¡Sí! ¡No se ha equivocado! ¿Será un botón o una linterna? Da igual―piensa Luisa―si la luz que emana alcanza para iluminar, aunque de forma tenue la habitación.

―¡Socorro!― grita― ¡Aquí! ¡Que alguien me escuche por favor!
Pero ni el más leve ruido, turba el opresivo silencio. Desesperada llega hasta la ventana y la abre. Durante un segundo no puede entender lo que sucede. Al reponerse busca la puerta que está a unos dos metros. Se traba en lucha un buen rato con la cerradura atascada. Cuando por fin la abre, permanece inmóvil por espacio de un minuto. Lo que ve a continuación le hiela la sangre en las venas. Un grueso muro ha ido a parar contra la casa como si tratara de aplastarla. El rabioso Tic- tac-tic-tac se cuela en las paredes invadiendo con impudicia el recinto. El horror dura sólo unos segundos. Después reacciona. Grita, patea, araña con sus manos los ladrillos de la tumba. Por fin agotada cae al suelo

Piensa y repiensa en su hijo que ha quedado del otro lado del muro. Su mente reproduce con idiotez pensamientos deshilvanados. Aspira profundo el escaso y denso aire que queda, para afrontar un acontecimiento desconocido y monstruoso.

―Chist ―de pronto escucha chist, chist El chistido se escucha muy cerca. Los dientes le castañean y toda su carne se le ha puesto de gallina. Se levanta como un resorte… ¡Pero no ve a nadie!
―¡Aquí por favor Socorro! ―grita Luisa.
―Calma, aquí estamos, para ayudarla―dice la voz. ―Le está hablando el locutor de LT Tijuy La radio de su ciudad… ¡Tranquila! Acérquese un poquito, ¿quiere?
Luisa se acerca deprisa al aparato y comienza a manipular los botones.
―¡Alto! ¡No los toque! ¡O cambiará de dial! Fíjese en el botón rojo cristalino, es movible. Ubíquelo enfrentado al cubo y cuando vea dibujado la imagen holográfica del mundo, podrá usted mirar dentro de él.
―Pero, ¿podré salir de aquí?
―¡Claro! ¡Para eso estamos! ¿No?
Luisa, mueve con rapidez el botón linterna de la radio, hasta ubicarla enfrente de la esfera. ¡Dios! ¡Qué belleza! ¡No se esperaba semejante espectáculo visual! La esfera se convierte en un mapamundi holográfico. La habitación se ilumina con un sinnúmero de colores. La luz de Tijuy se agranda La joven asoma la cabeza. ¡Relámpagos! ¡Algo se mueve! Espía dentro de la esfera, cono si sus ojos fueran una cámara de video y se da cuenta de que la voz que ha escuchado, es la de un joven locutor que transmite desde una emisora de radio.

―Usted me está mirando, ¿no? En la casa hay un jardín como puede ver…
―Nos está prohibido mirar jardines. Sólo interiores.
―Mi nombre es…
―Luisa-contesta la voz del locutor―y su bebé está fuera de los límites del muro ―continúa el locutor
―¡Por favor necesito saber que le ha pasado! ¡Apúrese! ¡Apenas si puedo respirar! Tic, tac, tic, tac.
La habitación se achica de pronto y a Luisa le falta el aire.
―Luisa, ¿me escucha?…Apriete la tecla V del aparato de radio, para que la podamos visualizar con claridad. Estamos perdiendo la imagen. ¡Por favor, acérquese al parlante! ¿No me escucha? Parece que no nos responde. Aquí desde los estudios de LT Tijuy la Primera Radio de la Ciudad, les habla Rolando Migues. Estamos haciendo un urgente llamado a las autoridades. Hay una mujer atrapada por un muro, dentro de una vivienda.
―¡Oiga! ¡Lo escucho! ¡Ayúdeme por favor!―grita la joven con el escaso aire que le quedan en sus pulmones.
Es evidente que el locutor ha dejado de escucharla. Ahora los ojos inquietos de Luisa recorren el jardín. Alrededor de la casa otra periodista transmite en vivo, micrófono en mano.
―Aquí, con ustedes la voz de Mariana Rodríguez, transmitiendo en vivo y en directo. Vamos a tratar de contactarnos con la joven que se halla prisionera en el interior de la vivienda. Son las 17 30 horas del día 31 de diciembre de 2030 y terminamos de comunicarnos con el Alcalde de la ciudad, quien nos ha respondido, que el muro, no es de competencia municipal. Siga la trayectoria de este extraño suceso…
Luisa observa impotente, cómo un enano se ha metido en el jardín de la casa y va directamente hacia el moisés; luego mete su ruda mano por debajo de la mantita y saca el chupete y el sonajero y se los guarda en el bolsillo. El jardín comienza a llenarse de enanos. Todos, con sombreros de copa vestidos de negro y esgrimiendo en la mano un bastón de mando. Al ver el muro gesticulan y ríen estruendosamente.
Rolando Migues desde estudios, sigue con la nota ―He dejado de escuchar y visualizar a Luisa y esto me preocupa. Mariana, ¿me copias?
Luisa sigue mirando con angustia. Un patrullero ha llegado y un hombre uniformado desciende de él.
―Sí Rolando. Son ya las 18 horas y comienza a oscurecer, tengo aquí al Comisario Inspector de la brigada policial.
La periodista se agacha y acomoda el micrófono a la escasa altura del comisario.
―No he venido para hablar del muro. Estoy aquí, porque me acaban de informar que esta mujer, viene huyendo de otros mundos, por lo tanto y según los reglamentos, no la dejaremos salir con vida.
Al escuchar esto Luisa martilla con desesperación las gruesas paredes, se lastima la mano y sangra.
―¿Por qué? Yo no he hecho nada, lo juro Dios mío, pero ¿quién me ha condenado a este encierro? ¿El sistema? ¿Los odios colectivos? ¿Alguna conspiración mundial?
―Ignoro si esta joven estará escuchando o no, aunque eso ya no es de nuestra competencia y para que me entienda mejor, le estoy informando que los niños de madres viajeras de otros mundos, serán vendidos total o parcialmente―continúa el inspector, cuya boca se ha vuelto de repente de un color renegrido.
―¡No, no por Dios! ¡Mi hijo no!―se desgarra Luisa mientras en el jardín, los enanos siguen mirando impávidos el muro.
Ya no queda casi aire. Luisa tiene dificultad para moverse. Tiiiic, taaaac Tiiiic taaaac ¿Qué es ese ruido infernal que se escucha?
La voz le susurra cada vez más cerca, casi dentro del oído.
―La sacaremos de aquí. ¡Tenga confianza! Gire el botón de la radio, para que la luz del mundo se ilumine hacia arriba. Hágalo ¡Ahora!
El dedo traposo de Luisa, apenas logra rozar el botón… ¡Oh! ¡Increíble! La esfera vuelve a girarse hasta iluminar con uno de sus rayos el techo. ¡Sí! ¡Acaba de reconocer el sonido! ¡Alguien está usando una maquina de taladrar! ¡No se equivoca, no! ¡La casa tiembla! ¡Pum!, ¡Pam! ¡Crach!, ¡Crach! Pedazos de revoque y hasta cascotes, le llueven encima. Levanta los ojos y ve boquiabierta, un enorme micrófono atado con varias vueltas de cable a un listón que penetra a través del agujero agrandado del techo.
―¡Vamos suba Luisa! ¡Deprisa!-ordena la voz confitada del locutor.
Una imperceptible gota de esperanza le cuelga de sus piernas, cuando se abraza al micrófono, que de inmediato la transporta hacia fuera.
¡Luisa vuela! Y su cuerpo, adherido al micrófono de LT Tijuy flamea como una bandera.
¡Luisa es libre! Y vuela, vuela sobre el jardín repleto de enanos, con sombreros de copa y bastones de mando.
―Más abajo, por favor ―susurra Luisa al micrófono.
Es el momento de apurarse. El maldito comisario ha destapado la mantita del moisés e intenta levantar al niño, justo en el momento que Luisa aparece, como una sombra fantasmal.
―¡Levante al niño!―sigue el locutor.
La joven, empuja al Comisario―sin saber siquiera de dónde le vienen las fuerzas―quien pierde el equilibrio y cae golpeándose la cabeza. Luego toma a su bebé y lo levanta.
La gigantesca grúa que sostiene el micrófono, da un espectacular giro para situarse al final de la desembocadura del túnel. Luisa desciende y sigue la flecha que señala el año 1950.
―Para la próxima avise antes de venir, así le damos la bienvenida y Cuídese ―se despide el locutor.
♪Ta- ra -ra -rá ♪ fluye Fantástica Tic-tac-tic-tac repiquetea el corazón.
Luisa corre. Lleva en la mochila al bebé. De su bolsillo izquierdo asoma un botón rojo cristalino, de esos que tienen las radios para iluminar hacia arriba en cualquier tiempo, la vasta superficie del planeta.

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